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EL LENGUAJE Y EL VERBO HABER

La lengua —o idioma— es el medio más apropiado del que disponemos para adquirir y comunicar adecuadamente nuestros conocimientos. Del uso correcto de éste depende la cabal inteligencia de las ideas que queremos aprehender o transmitir.

La lengua en su estado natural es extremadamente variable y propensa a constantes mutaciones. Lo único que es invariable es la necesidad de comunicación de los humanos, y la necesidad de asegurar el conocimiento. Con este último propósito es que se han ideado métodos y reglas que permiten uniformar, delimitar y conservar una determinada lengua. Esa lengua así uniforme y delimitada se convierte en lenguaje culto, y es el que forzosamente ha de utilizar todo aquel que pretenda poseer o transmitir conocimientos científicos, técnicos, literarios, etc. La razón es muy sencilla: en el lenguaje corriente los nombres de las cosas son temporal y espacialmente diversos. Lo que aquí significa una cosa, allá significa otra, y más allá otra. Tómese por ejemplo las diversas maneras que hay en las distintas regiones de denominar las plantas o los órganos sexuales. Sería imposible establecer un sistema de conocimientos teórico-prácticos de la botánica o de la anatomía si no se empezara por fijar los conceptos del objeto a tratar. Sin el lenguaje culto (académico) no habría ni ciencia ni gente educada.

La lengua culta es un lenguaje universal en el sentido de que es común a un universo de personas: las que han recibido el respectivo entrenamiento, es decir educación. El estudio de la gramática —sin pretender otorgar a ésta una exactitud matemática— y del lenguaje en general, es necesario para quien pretenda tener solidez en sus conocimientos, muy especialmente para el conocimiento jurídico, de cuya rectitud depende en gran parte la justicia. Y si bien es cierto que la lectura de buenos autores afina el entendimiento y dispensa del estudio de las reglas gramaticales a algunos privilegiados, también es cierto que éstos sabrán expresarse armoniosa y correctamente pero no sabrán el porqué.

Entre los múltiples “dislates” que se cometen contra la lengua castellana es destacable el uso incorrecto del “verbo haber”. «…el habían y el habemos son naturales y corren a los labios como la interjección al dolor» —dice un ingenioso escritor colombiano, tratando de justificar tales yerros—. A pesar del esfuerzo de destacados autores como Alexis Márquez Rodríguez, Ángel Rosenblat y otros, en torno a este asunto, seguimos escuchando en el habla de estudiantes, profesores, políticos, funcionarios públicos (y otros profesionales) las susodichas y desatinadas expresiones.

Conocer el uso correcto del verbo haber no es tarea que se pueda emprender casuísticamente. Ninguna disciplina se puede aprender así. Toda ciencia tiene unos principios generales y fundamentales que orientan y posibilitan la explicación de lo particular. Quien esté en posesión del porqué de algo, estará en capacidad de discernir el cómo, el cuándo y el dónde.

En realidad, las dificultades que suelen presentarse con el uso del verbo haber provienen del desconocimiento de que el término o vocablo haber no es un término unívoco. Este verbo se usa con tres significados distintos, a saber:

1)“Haber” como verbo activo y transitivo, cuya significación es la de “tener” o “poseer”.

2) “Haber” como un verbo impersonal.

3) “Haber” como verbo auxiliar.

Veamos a continuación la explicación de cada uno de los tres casos señalados.

1) “Haber” como verbo activo y transitivo, cuya significación es la de “tener” o “poseer”

Con este sentido de “tener” el verbo fue profusamente usado —con todos sus accidentes— a través de toda la historia del habla castellana, luego fue decayendo al extremo de que en la actualidad sólo se usan algunas de sus formas, especialmente en materia jurídica. El infinitivo haber casi sólo se usa en los libros de cuentas de los comerciantes: EL DEBE (lo que se adeuda) y EL HABER (lo que se tiene, lo que se posee). También el infinitivo haber se usa en expresiones tales como «el haber intelectual», «el haber espiritual», «el haber cultural», es decir, el acervo de bienes o cosas que se tienen en el intelecto, en el espíritu; esto es, el conjunto de valores, conocimientos, etc., de una persona o de un pueblo. El participio activo habiente, generalmente se usa en lenguaje jurídico para la formación de términos como causahabiente, derechohabiente que son dos manera de designar a la persona que tiene derecho a adquirir de otra (llamada causante) un derecho o una obligación. Asimismo, en materia bancaria se denomina tarjetahabiente al titular de una tarjeta de crédito o cualquier otro instrumento similar a los que sirven para uno endeudarse. El participio pasivo “habido” se usa, también en lenguaje jurídico, en expresiones como «los hijos habidos en el matrimonio», «los bienes habidos en la sociedad conyugal», etc. Con el mismo sentido reza el adagio popular: «Lo mal habido se lo lleva el diablo». El pretérito indefinido se usa casi siempre en instrumentos jurídicos, por ejemplo «ellos hubieron la propiedad del inmueble por compra que hicieron según documento tal…»

En este caso el verbo haber se usa en todos los números y personas (hube – hubimos; hubiste –hubisteis; hubo –hubieron). Fuera de las formas señaladas, el verbo haber como verbo transitivo ha caído en desuso en nuestro idioma.

2) “Haber” como un verbo impersonal

«¡Hay amores que matan!». Es un verbo de estado. Tiene una leve denotación de presencia, existencia, situación o acaecimiento, análoga a la que corresponde a los verbos “ser” y “estar”. Al igual que todo verbo impersonal —llover, tronar, amanecer, etc.— en uso estrictamente gramatical, es intransitivo y defectivo (Esbozo p.292). Intransitivo porque no siendo un verbo activo su acción no recae sobre nada y por consiguiente carece de complemento directo, pues las oraciones que lo contienen son oraciones de predicado nominal (ibídem, p.291). Defectivo porque carece de todos sus accidentes. Claro está que, metafóricamente, estos verbos pueden ser conjugados: «amanecí de bala», «las bayonetas tronaron en el palacio de gobierno», «llovieron mentadas por todas partes», etc. Pues los verbos impersonales cuando se usan en sentido figurado pierden el carácter de impersonal. Sabemos además que la lengua literaria es, por naturaleza, licenciosa.

El verbo haber como impersonal no se usa en plural; sólo se conjuga en tercera persona del singular de todos los modos y tiempos. Por eso son incorrectas en la lengua culta (oral o escrita) —que ha de ser la de los académicos y la de los medios de comunicación— las siguientes expresiones: «habemos muchos en este lugar», «habían muchos alumnos en el aula», «hubieron fiestas en el pueblo», «habrán sanciones para los que incurrieron en fraudes», «para que no hayan problemas…», «para que no hubieran reclamos les dio a todos inmerecidas calificaciones». Estas frases se resuelven correctamente en singular de la siguiente manera: «somos muchos los que no creemos en…» o «muchos no creemos en…», «había muchos alumnos…», «hubo fiestas en…», «habrá sanciones para los que….», «para que no haya problemas», «para que no hubiera reclamos…».

Muchas personas se cuidan de usar las formas incorrectas: “hubieron”, “habían”, “habemos”, “haigan”, “hain”, pero, en cambio, no se cuidan de decir, por ejemplo, «habíamos (o habríamos) allí unas doscientas personas», «si el gobierno cumpliera no habrían tantas huelgas», «para que no hayan problemas», «dentro de 25 años habremos tantas personas que la vida en el planeta se tornará imposible», «si haces lo que te digo no habrán inconvenientes», «¿habrán clases mañana?», «si hubiesen dificultades, avísame», «traiga todas las flores que hayan», formas estas igualmente incorrectas por la misma razón ya explicada. Consecuentes con la regla se debe decir: «estaríamos allí unas doscientas personas», «si el gobierno cumpliera no habría tantas huelgas», «para que no haya problemas», «dentro de 25 años seremos tantos que…», «si haces lo que te digo no habrá inconvenientes», «si hubiese dificultades, avísame», «¿habrá clases mañana?», «traiga todas las flores que haya».

3) “Haber” como verbo auxiliar

Este verbo entra en la formación de los tiempos compuestos. Como auxiliar, el verbo haber se usa en todos los tiempos y personas. Pero sólo se usa en plural cuando es auxiliar de otro verbo conjugado que no sea el mismo haber.

Ejemplos correctos: «Una vez que hubieron dormido, emprendieron el largo viaje». «Cuando el médico llegue ya se habrán muerto los enfermos». «Les dio dolor de barriga porque habían comido en exceso». «Habrían aprobado el curso si hubieran estudiado». «Últimamente ha habido muchos problemas con el gobierno». «Habrá habido muchos heridos en el combate». En estos casos los verbos que se están conjugando son los auxiliados: dormir, morir, comer, aprobar, haber, estudiar, etc.

Ejemplos incorrectos: «Políticos han habido y habrán de toda calaña», «en esos días habían habido muchas manifestaciones contra el gobierno», «han habido muchos conflictos entre el gobierno y los trabajadores». Lo correcto es decir: «políticos ha habido y habrá de…», «en esos días había habido muchas…», «ha habido muchas manifestaciones…».

Cuando se usa el infinitivo haber en los tiempos compuestos, por la razón ya explicada, el verbo auxiliado se conjuga en singular: Ejemplos correctos: «Si ha de haber inconvenientes, mejor no vayas». «Debe de haber muchas penurias en el país puesto que ha bajado el consumo de alimentos básicos». «Puede haber graves problemas si él insiste en sus necedades». Por consiguiente, es incorrecto decir: «Si han de haber inconvenientes…», «deben de haber muchas penurias…», «pueden haber graves problemas…».

Para concluir, es recomendable tener presente la siguiente regla: «el verbo haber se usa en plural únicamente cuando es auxiliar de cualquier otro verbo que no sea el mismo verbo haber».

BIBLIOGRAFÍA
Ángel Rosenblat. Buenas y malas palabras. Monte Ávila Editores. Caracas, 1987.
Ángel Rosenblat. La educación en Venezuela. Monte Ávila Editores. Caracas, 1981.
Alexis Márquez Rodríguez. Con la lengua. El Nacional, 30-03-86 y 13-04-86.
Andrés Bello. Gramática de la lengua castellana. Ed. Cultura venezolana, S. A. Caracas, 1985.
Emilio Alarcos Llorach. Gramática de la Lengua Española. Espasa-Calpe. Madrid, 1995.
Joaquín Añorga. Composición. Ed. La Escuela Nueva. Madrid, 1972.
Manuel Seco. Gramática esencial del Español. Espasa-Calpe. Madrid, 1995.
Rafael Cadenas. En torno al lenguaje. Universidad Central de Venezuela. Caracas, 1994.
Real Academia. Esbozo de una nueva gramática de la lengua española. Espasa-Calpe, Madrid, 1985.

(Publicado en el diario Frontera, Mérida, 6 de abril de 2001).